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Flores de Plutón. Espronceda Institute of Art and Culture, Barcelona. Comisariada por Olga Sureda. 28.04.2021 - 06.05.2021. Fotos de Claudio Correa

 

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Las flores de Plutón o la absoluta necesidad de mimar la Naturaleza 

En épocas de crisis, donde uno navega en tiempos de incertidumbre, la creación artística suele dar respuesta tanto a crisis vitales personales como colectivas. Son épocas que reflejan un cambio, un final y un nuevo empezar, una destrucción que da paso a una transformación y regeneración de uno mismo pero también de una colectividad, al igual que ocurre en la naturaleza y en sus ciclos, o en la astrología.

El ser humano es naturaleza y arte. Su ser es la naturaleza y su “humano” es el arte, un arte que presenta, que representa, que simboliza, que convierte el ritual cotidiano del vivir en la naturaleza en un mito, pero que con arte o sin él también puede, en ocasiones, ser salvaje, destructiva, incontrolable e indómita. Si las personas podemos influir en la Naturaleza en bien o en mal y recibimos de ella no solo sus beneficios sino la propia vida, también, en ocasiones, la Naturaleza se rebela ante el ser humano, como se rebela paradójicamente la propia sociedad, pudiendo erosionar o condicionar el futuro de los más débiles, de las generaciones más expuestas, el de aquellas que aún no han podido acceder o construir su castillo, por muy de paja o de cristal que sea.

Jessica Moroni pertenece a esa generación, la cual ha vivido sucesivas crisis económicas y de valores, para la que el orden social es algo ambiguo; una generación que, por su condición precaria, transita en una constante incertidumbre y que busca una transformación global empezando por la personal.

Hoy día, fruto de la desconexión de los procesos naturales de nuestros cuerpos y nuestro entorno ambiental y de la preocupación por la conservación de la naturaleza ante el grave problema que se presenta con su permanente deterioro, surge una conciencia colectiva representada por una serie de artistas que buscan habitar más pacíficamente la Tierra, no de manera estática sino dinámica, reconectándose con lo sagrado de la naturaleza y del medio ambiente natural.

En Flores de Plutón, Moroni quiere pactar con la tierra, pero no la tierra de la Tierra, sino la tierra de Plutón, un planeta diminuto, gélido y lejano, históricamente joven que debe su nombre a Hades, el dios de los infiernos, pero que los romanos lo asociaron al Dis Pater, un dios agrario, positivo, dador de toda clase de riquezas, físicas, materiales o simbólicas, como la riqueza física, alusiva y estética de las flores. Un dios jánico que en la astrología simboliza el poder espiritual y transpersonal, la regeneración y transformación tras la destrucción.

La artista, que se mueve en una sociedad cada vez más hundida en los infiernos del antiguo Hades maléfico en el que a los seres que en ellos habitaban se les negaba la vuelta a la tierra fértil, una sociedad de cemento, asfalto y plástico, en Flores de Plutón reivindica al planeta-símbolo Plutón, señor de las riquezas inagotables de la Tierra. Jessica Moroni busca, con sus obras, con sus pequeños relatos que narran la historia de esa generación en crisis - la suya y la nuestra- con sus dibujos y piezas escultóricas de grandes dimensiones que a la vista devienen frágiles e inquietantes en sus formas e intensas en su cromatismo, la re-conexión con la naturaleza.

Su acercamiento y coexistencia con ella son fuente de inspiración para la artista y es así cómo, a través de un proceso íntimo en el que explora y observa las propiedades de la materia residual, sea orgánica o no, como algo vivo que puede ser reciclado, surgen estas esculturas flotantes cuya materia Moroni recolecta, manipula, se apropia y repara y las cuales están en continua transformación, muriendo y renaciendo, mutándose y regenerándose. Formas blandas y orgánicas que se traspasan a un plano bidimensional con sus dibujos, fruto de su proceso creativo e interés en la morfología de organismos que comparten color, contenido y forma.

Jessica Moroni dialoga e interactúa con la Tierra, pero también con el Cosmos y el Microcosmos. Más que interesarle la quietud o el silencio de la absoluta realidad física y metafísica, son sus procesos, sus transformaciones, sus movimientos y sus interacciones lo que trabaja.

Como por ejemplo los ciclos o flujos, sean lunares o menstruales, que dan vida real o simbólica a la vida y a su obra, inspirándose a la vez en formas que son símbolo de fertilidad, como el útero, también denominado matriz. La artista pone en paralelo el hecho de que la Naturaleza, por esencia, nutre, cuida y acoge al ser humano con el hecho de que la mujer- la madre- al mismo ser igualmente le da cobijo, lo alimenta y lo protege. Y ello la lleva al encuentro entre feminismo y ecologismo, y, consecuentemente, a las teorías eco-feministas, que redefinen quiénes somos como humanos a partir del análisis de cómo nos determinan los roles de género y cuáles deben ser nuestra relación con la Naturaleza en el siglo de cambio climático y la crisis ecológica.

Con ello Moroni no solo reflexiona sobre la absoluta necesidad de mimar la Naturaleza o de poner su granito de arena, por muy pequeño que sea; sino sobre la manera de convertir a través del arte la Naturaleza continuamente agredida en una Naturaleza amada por el ser humano.

En Flores de Plutón, Jessica Moroni crea un lugar cósmico, sin tabúes, un lugar que habla de una generación en crisis, de lo sagrado, de la fertilidad, de lo sexual, de los ciclos, de los cambios, de la transformación personal y global. Moroni plantea nuevos caminos de transformación que nos invitan a re-conectar con la Naturaleza, la Tierra y su Cosmos desde la empatía y la conciencia con la voluntad de despertar una reflexión colectiva.

Olga Sureda